Gloria! (sowelu_26) wrote in desmaius,
Gloria!
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Regalo para @greenillusion parte 1



Para: greenillusion
Título El Bosque de los Enáneres 
Pareja: Draco Malfoy/Hermione Granger 
Advertencia:  escena de masturbación, pero no muy explícita. Excepto el matrimonio de alemanes, el duque, y los enáneres (y un par de revistas y grupos musicales) todo lo demás está sacado de eldiccionario.org (incluido Bob). 
Summary o prompt: Si bien era cierto que Hermione tenía ganas de vivir otra aventura, nunca se imaginó que tendría atravesar un bosque de noche, a lomos de un caballo alado, en busca de un castillo donde vive duque que le recordaba vagamente al protagonista del Corazón Peludo del Brujo de Beedle el Bardo. Y menos cuando su único guía y compañero era un Draco Malfoy, buscado por todas las Embajadas de Inglaterra en Europa, con graves síntomas de múltiple personalidad. 
Dedicatoria: Cuando leí los promts me encantaron todos, y decidí probar con Draco y Hermione, no sé, porque amo a esta pareja y nunca consigo escribir de ellos. Así que, como el romance no se me da muy bien, y el humor ni de coña, ya, se me ocurrió esto, que con el tiempo se hizo enorme. Espero, sin embargo, que te guste, porque yo me lo he pasado muy bien escribiéndolo. Y siento la tardanza. No quería finiquitarlo en cuatro líneas, y, no, en serio, se había vuelto enorme. De hecho, esto solo era la introducción al verdadero argumento que quería tratar T_T 




-Admítelo, te crees mejor sólo por ser de Gryffindor. Porque a los de Gryffinddor os han inculcado que lo único que vale en esta vida es saber hacer piña y el honor, vuestro magnífico invento para hablar de la dignidad. Siento tener que ser yo quien te rompa tu burbuja de cristal, pero pensé que, ya que eras tan lista, te hubieras dado cuenta antes: no son más que mentiras. Los de Gryffindor lo que tenéis es una gran carencia. De algo, lo que sea. Y funcionáis en base al Mal de muchos, consuelo de tontos, porque elegís a vuestros amigos por el mismo patrón. ¡Dime! ¿Acaso no ves que todos tus amigos son como tú? ¿Que estáis jodidamente incompletos? ¿Que solo véis el mundo como queréis verlo? Os inventáis unas reglas y esas son las únicas que importa. El resto carece de dignidad, de honor, de valor... Sólo importa pensar y ser como un Gryffindor...

-No es cierto... -respondió ella con un hilo de voz.

-Nunca serás una gran maga, Hermione, si no puedes dejar de pensar como una muggle. Si no eres capaz de ver hasta dónde es capaz de llegar a un mago, y no hablo de dividir tu alma ni hacer limpiezas de sangre, sino de entender lo que tienes alrededor y aceptarlo tal cual es. Si no puedes hacer eso, entonces este mundo no es para ti. ¿Te has preguntado porqué la mayoría de los mestizos acaban en Gryffindor? Porque están hechos del mismo palo, sois todos igual de miopes. Los muggles llevan siglos determinando el mundo con sus normas y sus leyes físicas, y no son capaces de ver una realidad más allá de esa. A Gryffindor le pasa igual: Ravenclaw y Hufflepuff no importan, y la existencia de Slytherin resulta para vosotros el enemigo que necesitáis para dar sentido a unas guerras donde vuestro mayor rival sois vosotros mismos y vuestras carencias.

Hermione se quedó atónita. Nunca, tras seis años compartiendo clases, se imaginó que él pudiera tener ideas como esas. No parecía algo que hubiera germinado durante la guerra, sino más bien un hecho irrefutable contra el que nunca había querido luchar. Su voz estaba teñida de cansancio, hastío, como si repitiera una lección con parsimonia. Pero lo que más llamaba la atención era el cinismo con el que trataba el tema. La ceja derecha se alzaba con cada pregunta retórica, y sus ojos brillaban de forma curiosa cada vez que empezaba una nueva frase. ¿Sería la esperanza de que ella cayera en la cuenta de lo que él le estaba queriendo trasmitir? Pero, ¿qué interés podía tener él en ello? ¿Acaso no quería distanciarse para siempre del mundo mágico británico, y olvidar? Olvidar todo lo que había pasado, todo de lo que había formado parte; comenzar un nuevo futuro, allá donde nadie supiera que una vez hubo un villano de nombre impronunciable y él fue uno de sus vasallos.

Sin embargo, ella no podía olvidar, no quería. Recordar eso le hizo caer en la cuenta de que ya no tenía ningún sentido quedarse ahí, así que se levantó y se encaminó a la puerta. Él no dijo nada mientras la miraba marcharse. Poco antes de cerrar la puerta tras de sí, Hemione se despidió:
-Por cierto, gracias por... Por eso, ya sabes. Gracias, Draco.

                              *                                                 *                                    *





Todo había empezado en un mañana fría de otoño. En Londres, como de costumbre, llovía sin tregua y la niebla de primeras horas de la mañana ni se había molestado en dar señales de desaparecer.

En el Ministerio de Magia todo era ajetreo y sobres que volaban de aquí para allá. La nueva propuesta del Ministerio para promover su campaña pro-muggle estaba casi aprobada y en boca de todos. Rita Skeeter, fiel a la ideología con la que convirtió Corazón de Bruja en una de las revistas más vendidas de la última década -casi al nivel de Wands and Roses durante los sesenta con las entrevistas a los comicios de Las Brujas de Macbeth, Los Caballeros de Merlín, La Melodía de la Banshee y las escandalosas bodas de los integrantes de la legendaria banda Snidget, que escribió el himno oficial del Quidditch británico. Sin olvidar, claro está, la organización de la primera y única edición del Festival de las Saetas Musicales, que terminó con una recreación de un partido de Creaothceann entre varios grupos de música, por el que varias personas aún siguen en San Mungo-, se había hecho con el puesto de redactora jefe en El Diario El Profeta y la libertad de expresión en Gran Bretaña vivía su esplendor y época de escándalo. No había noticia que se le resistiera y los trabajadores del Ministerio estaban aprendiendo a mantener la boca de cerrada por amenaza expresa del Ministro en un discurso que ocupó la portada del Profeta durante casi una semana.

La propuesta era, desde luego, una fuente de comentarios que hubiera servido para abastecer Corazón de Bruja -y de hecho, como coodirectora, Lavender Brown, pensaba llevar a cabo una edición especial esa temporada -y la mitad de la revistas del mundo mágico durante un año. El punto de mira, por supuesto, se centraba en las familias más importantes que, a pesar de la guerra, seguían teniendo grandes influencias dentro de la esfera del poder. Parkinson, Nott, Malfoy, Bones, Greengrass, Beurk, Bullstrode... Todas ellas eran lo que hacía unos años se había considerado "sangre limpia". El término, una nueva adquisición del diccionario de tabús a la que seguía "sangre sucia" y Voldemort, en esencia seguía siendo el mismo: ni una gota de sangre muggle. O lo que, en palabras del Doctor Ezra Befreg, jefe de Psicología del Departamento de Aurores, ni un atisbo de perspectiva muggle en la filosofía tradicional mágica. Tras estudiar el fenómeno y, con las uñas aún manchadas de tierra de los cadáveres que la guerra había proveído al mundo mágico, decidieron que lo mejor era enseñarles a los magos la enorme capacidad de supervivencia de los muggles en un mundo completamente hostil a ellos. O, como la anónima testigo que Skeeter entrevistó y que solo respondió a la siglas P. P., un nuevo proyecto con el que "quieren hacernos sufrir, rebajarnos a su nivel. Nosotros no somos los que hemos dispuesto quién es mago y quién muggle, pero la naturaleza sí, y dicen que es sabia ¿no? Pues por algo será. No tiene ningún sentido tratar a los magos como muggles; es como tratar a un adulto como si fuera una bebé; es ultrajante y va contra el sentido común".

Sus palabras levantaron polémica en toda la comunidad mágica, pues, quién más y quién menos, casi todos estaban de acuerdo con parte de su discurso. Hermione recuerda que miró por encima aquella entrevista, pues suponía que quien había hablado no era otra sino Pansy Parkinson, y cuando compartieron Hogwarts la muchacha nunca destacó por sus afortunadas palabras. Sin embargo, y aunque Ron le preguntó por ello muchas veces, nunca admitiría que la razón por la que dejó de lado aquel debate y se centró en otras cosas fue la aportación del entrevistado T. N. "Es una curiosa forma de venganza. Me recuerda al típico hermano mayor que se cree que tiene que sacar la familia adelante, y que cuando el pequeño se queja de sus ejercicios de clase, le estampa sus cuestiones de física cuántica para que sepa qué son problemas de verdad".

De alguna manera, intuía que llevaba razón. Pero aún era muy pronto para poder reflexionar de manera calmada sobre el tema. Una cosa es que estuviera completamente en contra de los ideales de Voldemort y sus mortífagos, y otra muy distinta, es que no supiera ver que había llegado tarde a un mundo donde hacía tiempo que se cocía un debate que, probablemente, Voldemort sólo hubiera entendido a medias, y que había usado en su propio beneficio.

Sin embargo, como muy claro le dejó a Ron, no tenía tiempo para ello. Tras graduarse en Hogwarts, siendo la mejor de su promoción, seguida muy de cerca por Draco Malfoy y Susan Bones, se había especializado en el Departamento de Criaturas Mágicas. Tras cuatro años de estudio y prácticas, en las que las habilidades de supervivencia adquiridas gracias a Hagrid dieron sus frutos, se preparaba para hacer su trabajo de investigación que le daría, por fin, un despacho propio en el que ya no tendría que ejercer como becaria. Sería una funcionaria de pleno derecho.

El tema de su investigación era, como no, los elfos domésticos. Más concretamente el porqué de esa naturaleza que les hacía tender a la servidumbre, casi exclavista, hacia los magos. Utilizando todo el conocimiento muggle aprendido durante la Primaria, llegó a la conclusión de que antes de los elfos domésticos tuvo que haber una especie que los precediera, así que decidió buscarla. Animada por la curiosidad de Amos Diggory, que se había empezado a recuperar de la muerte de Cedric con el nacimiento completamente imprevisto de la que ahora sería su única hija, consiguió cartearse con investigadores europeos, e, incluso, un viaje pagado entero por el Ministerio a la Biblioteca de Alejandría, que como todo el mundo mágico sabía les había sido arrebatada a los muggles de manera que ellos pensaban que todo se había perdido en las llamas, cuando en realidad, estaba a buen recaudo protegido con un encantamiento Fideliblios, un Fidelius especializado en bibliotecas. La sorpresa y alegría de Hermione cuando descubrió el hecho desembocaron en la duda de si con esos conocimientos, los muggles hubieran podido empequeñecer más la diferencia que los separaba de los magos, y no todo era tanto azar de la naturaleza como había dicho Parkinson.

Cuando Hermione volvió a Londres tras pasar casi medio año entre Egipto, las legendarias sedes mágicas de Mesopotamía y la Troya subterránea que era una réplica exacta de lo que Homero había descrito en la Iliada, aunque lejos de la luz solar, sólo le quedaba una posibilidad, débil cuanto menos, para seguir con su investigación o tirar definitivamente la toalla. Se había acostumbrado a que todo lo que tenía que ver con los resultados académicos le salieran bien. Buscar una respuesta que debería haber estado en los libros y no dar con ella no le agradaba en absoluto. Así que aquel verano resultó más desazonador de lo que había esperado.

Y, por si fuera poco, encima su relación con Ron no acaba de cuajar. Habían crecido y madurado, pero en lugar de hacerlo de manera conjunta, se habían ido independizando el uno del otro. Ya casi no discutían y se habían acostumbrado a la existencia del otro en su misma casa, que más que una pareja parecían más un par de hermanos, o primos. Además, los constantes viajes de Hermione habían hecho mella en la relación y, Ron había aprendido por fin a cocinar y pasaba más tiempo en Sortilegios Weasley que en su apartamento. El verano anterior al revuelo en el Ministerio, se sentaron los dos a hablar y llegaron a la conclusión que lo mejor sería vender la casa y vivir cada uno separado. La ruptura hacía tiempo que se había forjado, así que oficializarla no fue un gran costo a sus corazones, aunque eso no hizo que unos cuantos no los miraran con extrañeza. Al fin y al cabo, siempre habían sido una de esas parejas de Hogwarts que se veían venir desde el primer momento.

Pero fue aquella mañana de 2 octubre de 2002 cuando Hermione empezó a sentir con mayor fuerza que la persona que había sido en Hogwarts, que había estado enamoradísima de Ron y que nunca había encontrado hechizo alguno que se le resistiera, se le estaba quedando pequeña. En realidad, la vida en Inglaterra como la conocía era un traje en el que las costuras estaban resistiéndose, y fue la carta que le envió Ron la que le dio la pista. En ella le decía que había empezado una nueva relación, y que, aunque en principio la cosa iba despacio, suponía que iba a ir creciendo, aunque aún era pronto para echar campanas al vuelto. La afortunada era, nada menos que su antigua compañera de curso Parvati Patil. Hermione aún se acordaba de las largas conversaciones de Ron con su hermana Padma cuando ambos eran Prefectos y ellos dos no se hablaban. Parvati siempre le había parecido más lista que Lavender, pero entendía que no era un tema que pudiera saber todo el mundo, porque, al fin y al cabo, Ron había salido en su momento con Lavender, aunque hubiera sido hacía mucho tiempo ya.

Estaba recordando viejos tiempos cuando, de repente, alguien se coló en la oficina de Recolocación del Elfo doméstico, donde a veces iba a visitarla Luna y a contarle las nuevas anécdotas que había descubierto de su admirado Newt Samander. Sin embargo, la persona en cuestión no era otra sino Harry.

-No sé cómo puede gustarte tanto el papeleo.

Desde que había entrado en el Departamento de Aurores, Harry tenía más y más problemas para decir hola y adiós como el común de los mortales.

-Hola a ti también. -Le respondió Hermione con una sonrisa.
-Harry se dejó caer en la silla que había frente de la mesa de Hermione. No eran ni las ocho de la mañana, pero ambos solían llegar unos diez minutos antes al trabajo. Por suerte, Amos odiaba el café que preparaban en la Torre de Cristal, la cafería-restaurante del Ministerio, y como ni de coña iba a salir al Londres mágico a tomar algo, había instalado una pequeña cocina en la oficina.
-¿Quieres algo? Te veo agotado.
-Me he tomado uno antes de salir de casa, pero creo que no me vendrá mal otro. Estos días estamos de trabajo hasta arriba.
-¿De papeleo? Pensé que el Departamento de Aurores era más correr y saltar y gritar hechizos -. Bromeó Hermione.
-Al parecer los prófugos primero tienen que ser enlistados antes de procesados -. Le replicó Harry que tampoco sabía hasta qué punto su amiga se estaba burlando de él.
-¿Prófugos? ¿Se ha escapado alguien de Azkaban? -Se alarmó Hermione por un momento.

No había oído nada, pero lo cierto es que, desde que Sketeer se había apropiado de El Profeta, ella se había dado de baja en sus subscripciones. Prefería La Quimera, un periódico que Lee Jordan y Barnabás Cuffe habían fundado tras el final de la guerra, y dónde Ginny empezaba sus pinitos en la sección de Quidditch. Tiempo después, Cuffe se haría con la dirección del Profeta y casi toda su plantilla de La Quimera devolvería a El diario El Profeta su antigua dignidad, pero, en esos momentos, sus artículos parecían más una mezcla de nuevo periodismo y prensa rosa de lo que Hermione podía aguantar.

-¿En qué mundo vives, Hermione? Pensé que estabas al tanto del nuevo proyecto pro-muggle? -Se sorprendió Harry.
-Ah, eso. Sí, algo leí. -Cayó en la cuenta Hermione.
-No pareces muy emocionada -le comentó Harry, más sorprendido que decepcionado.

Hermione se encogió de hombros, y le invitó a que le hablara sobre el tema. Harry aceptó gustoso, pues era una de esas pocas veces en que las respuestas las tenía él y no su amiga.

-La idea viene de Daisy Hookum, no sé si la conocerás.
-¿No es la metamorfomaga que siempre bebe leche aguada en La Torre? -A Hermione le sonaba el nombre, pero no estaba muy segura.
-Exacto, es ella. El caso es que hace poco publicó un libro, "Mi vida como muggle", donde contaba las aventuras que tuvo para pasar desapercibida en un barrio de Liverpool, pues su pelo no es que se lo facilitara mucho. Evidentemente, antes había pedido permiso al Departamento de Aplicación Mágica, y como trabaja con Mafalda Hopkirk no fue un gran problema. El caso es que casi todos en el Departamento nos lo hemos leído, más que nada, por cómo lo cuenta. Está lleno de humor y es divertido, sobre todo para los que hemos vivido en un ambiente muggle.

-¿Y cómo se os ocurrió convertir eso es un proyecto para toda la comunidad mágica?
-Al principio, el tema fue un poco de coña. Pero Befreg siempre ha sido muy fan de Mordicus, ya sabes...
-El de "Porqué los Muggles no quieren ver", sí.-Le cortó Hermione, deseosa de demostrar que detalles como las obras y fechas de los autores aún eran cosa suya.
-Y además, se lleva muy bien con el Departamento de Catástrofes y Accidentes Mágicos, así que lo que al principio era un poco apuesta entre los mejores magos de nuestros departamentos, a alguien se le ocurrió que sería gracioso ver a Malfoy tratando de freirse un huevo o cogiendo el metro en el centro de Londres, y a la mofa general, le siguió la idea de que no era tan mala idea como parecía.
-Y luego lo típico, ¿no? Un par de portfolios con buena presentación, un buen discurso y todo listo, ¿no? -Concluyó Hermione.
-Algo así -asintió Harry. -Aunque no entiendo a qué viene esa acritud. ¿Acaso te parece mal? ¿No crees que sería interesante que muchos magos aprendieran a vivir como muggles y así se conocerían un poco mejor?
-No estoy diciendo que no, pero esa no era la idea con la que empezásteis ello. En un principio, sólo queríais echaros unas risas. -Atacó Hermione muy a su pesar, pues entendía perfectamente la perspectiva de Harry.
-¿Y no son más importantes los medios que el fin? -Contraatacó Harry.
-Sí, pero el problema está que lo habéis basado en un ideal cuando, en realidad, sólo queríais reiros un poco de ellos.
-Queríamos, pero ahora mismo no es eso lo que buscamos.

Hermione abrió la boca para decir algo más, pero descubrió que no sabía qué añadir. Una parte de sí misma le da la raza a Harry. No importaba tanto porqué hacías esto o lo otro, sino lo que realmente llevabas a cabo. Otra, sin embargo, no estaba conforme. Aquellos viajes y el estar en contacto con otras culturas le habían dado una capacidad de reflexión que sentía que no acababa de encajar en la nueva sociedad mágica.

-Quizás deberías volver a salir. Ir a estudiar fuera -. Le sugirió Harry, cuando se desahogó con él.
-Y ¿a dónde voy a ir? -Le preguntó Hermione. -Llevo tratando de perseguir a esta raza que probablemente ni siquiera exsita por todos los parajes y nada. -Suspiró Hermione derrotista.
-Pensé que habías dicho que tenías una pista -dudó Harry.
-Sí, bueno, leí algo de una criatura que también vivía entre humanos hace mucho tiempo, pero no sé si realmente tiene que ver con los elfos domésticos o es pura casualidad.
-¿Cómo se llaman?
-Les mencionaban de pasada en una de las leyendas que están registradas en las bibliotecas que visité, y lo único que me da la sensación de que puede ser algo es que estaban en la sociedad de las polis griegas, en las comunidades mágicas primigénias que vivían cerca del Tigris y el Eufrates y en el antiguo Egipto. Aunque aquí ni mú.
-¿Y el nombre? -Volvió a preguntar Harry.
-Diamantes verdes. -Musitó Hermione como si se avergonzara.
-Que nombre más raro.
-Probablemente haya otra cosa y yo estoy hablando de pistas cuando no tengo nada.
-¿Has hablado con Luna? -Se le ocurrió a Harry entonces. -Si quieres hablar de criaturas extrañas y Luna siempre sabe dónde se encuentran hasta los bichos que ni siqueira existen.
-No, la verdad es que no.

Justo en aquel momento llamaron a la puerta, y Harry se levantó:

-Este es el momento perfecto para irse, y dejarte trabajar. Que te vaya bien, ya te contaré.
- Muy bien.
-Hombre, Harry, cuánto tiempo sin verte -le saludó Diggory, que entraba en su despacho seguido de una pila de hoja que levitaba a escasos metros detrás de él.
-Buenos días, señor Diggory -. Le devolvió el saludo Harry. -Hasta luego, Hermione.
-¿A que no adivinas qué? ¡Tenemos una entrevista con Newt Scamander! -Le sorprendió Diggory a Hermione casi antes de que Harry se hubiera ido del todo.
-¿Con Scamander?

Newt Scamander, aparte de ser conocido por haber escrito el libro de Animales Fantásticos y dónde encontrarlos, y todas sus investigaciones sobre Criaturas Mágicas, había trabajado antes en la Oficina de Recoolocación de los Elfos domésticos y, por lo que le estaba contando ahora Diggory, estaba muy interesado en el proyecto que estaba llevando a cabo Hermione.

-Nos ha invitado a los dos a cenar con él en Hogsmeade para hablar de una oferta.
-¿Una oferta?
-No tengo ni idea de qué es, señorita Granger -. Le respondió apesadumbrado Diggory. -Y, encima, tenemos otro problema.
-¿Cuál?
-No puedo acompañarte. Ese mismo día tengo que ir a Gales a una reunión con unos inefables y no podré volver a tiempo para la entrevista con el señor Scamander.
-¿Tengo que ir sola, entonces? -No estaba contrariada, sino más bien entusiasmada.
-Siempre puedes pedirle a la señorita Lovegood que te acompañe. Por las continuas visitas que hace al despacho, creo que le encantará conocer al señor Scamander.
-Se lo diré, entonces. -Asintió Hermione.
-Muy bien. Tendréis que ir a esta dirección -agregó pasándole un papel dónde estaban escritas las señas.

Hermione dio un golpecito con la varita sobre las letras y éstas formaron una brújula que levitó durante unos segundos sobre la punta de la varita y luego desapareció.

-Doce y media de la mañana, no te olvides. -Le recordó Diggory mientras se sentaba en su escritorio y los papeles iban colocándose en distintos montones sobre él. -Y, ahora, zanjado este tema, toma, estas son las nuevas familias que piden un elfo doméstico para sus casas.
-Cada día hay más... -musitó Hermione. -No me estoy quejando del trabajo, es sólo que...
-Ya, crees que los magos deberían dejar "de sentirse superiores a todos las demás especies que viven con ellos", ¿verdad? -Le recitó Diggory las palabras que habían servido a Hermione de bandera para entrar en su departamento.

Hermione asintió, pero por alguna razón enrojeció. Una cosa era demostrar su desprecio con sus amigos y conocidos, y otra con su jefe. A la antigua Hermione le hubiera importando muy poco qué pensaba de ella sus profesores, pero la nueva había aprendido a callarse un poco.

-No te disgustes, Granger. Entiendo tu punto de vista, pero no es todo tan blanco y negro. Últimamente se ha puesto muy de moda, porque la gente ya no tiene miedo. Ya no va a volver a aparecer un terrorista que acabe con todos, y muchas familias de mestizos quieren integrarse más en la sociedad mágica.
-Vamos, que los mestizos quieren aparentar ser más magos, y los magos ahora tienen que hacer cursillos muggles para sobrevivir. -Concluyó Hermione.
-Lo sé, Granger, el mundo está zumbado. Pero mientras se organice bien, nos evitaremos unos cuantos problemas. Y esa es nuestra labor. Ayudar a organizar la parte que nos toca.

Dicho esto, ambos se pusieron a trabajar, y tras recolocar a diez elfos domésticos en Irlanda y Gales, y mandar a un par de ellos a las cocinas de Hogwarts y a otro par a San Mungo, llegó la hora de comer, anunciada por la cabellera rubia de Luna y sus toquecitos a la puerta.

-Ahora sale, Lovegood, no te preocupes -. La saludó sin levantarse de su asiento Diggory.

Luna sonrió y esperó en el quicio de la puerta, mientras leía el último número del Quisquilloso. Cuando Hermione salió no había terminado aún de leerlo, pero caminó a su lado rumbo a la Torre de Cristal con los ojos aún en las letras que su padre había escrito.

-¿De qué va? -Preguntó Hermione para romper el hielo.

Nunca había sido tan amiga de Luna como Ginny, pero la chica le caía bien. Al principio, solía comer en el propio despacho y así podía aprovechar bien las horas de trabajo. Incluso salir un poco antes, para ir a buscar a Ron a Sortilegios Weasley y hacerlo paseando por el Londre muggle. Pero luego llegó Ginny y la sacó de su despacho, y más tarde Luna entró en el mismo departamento que Hermione y las comidas entre las tres resultaron tan rituales como aquellas que compartía con Harry y Ron en Hogwarts. Ni siquiera se les ocurrió romper la nueva tradición cuando Ginny entró en las Arpías de Holyhead, aunque se echaba de menos el espíritu enérgico de la pequeña de los Weasley, sobre todo con el carácter tranquilo o demasiado preocupado de Luna y Hermione.

-Son de unas criaturas que fascinaban a mi madre. El otro día mi padre encontró unos apuntes perdidos que los Pffyqunes habían escondido en una parte del jardín.
-¿Cómo se llamaban? -Se interesó educadamente Hermione, aunque no pensaba preguntar qué demonios era un Pffyloquefuera.
-En algunos lugares se conocen como los Diamantes Verdes, pero en realidad eso es sólo un nombre poético. Son originarios del Noreste de Europa y conocidos como los Enáneres. Pero son imposibles de encontrar.
-¿Cómo has dicho? -De pronto Hermione se paró en seco en mitad del pasillo.
-Que son imposibles de encontrar. Bueno, excepto para quien les ha visto antes.
-No, no, digo lo de Diamantes Verdes -.Retrocedió Hermione en la conversación.

Miró hacia adelante. Ya casi habían llegado a la cafetería.

-¿Puedo leerlo un momento? -Le pidió la revista.
-Claro -exclamó alegre Luna, porque generalmente Hermione nunca le pedía el Quisquilloso. -Yo puedo ir pidiendo mientras. ¿Lo de siempre?

Hermione asintió, distraída. Se sentó en la primera mesa que pilló y leyó con avidez el artículo. Tenía un montón de tonterías introductorias, típicas del señor Lovegood, pero había algo que le llamó la atención. Datos exactos, como el Bosque de los Enaeres, en Alemania, donde decían que se habían registrado los últimos testimonios de los Nénares, conocidos como Diamantes Verdes en Egipto y en Grecia. Por lo menos, ahí estaban de acuerdo. Sin embargo, la idea de que su línea de investigación coincidía con las paranoias extrañas del señor Lovegood le hizo sentir que no era todo sino un gran sinsentido y sólo estaba que perdiendo el tiempo.

A lo mejor tenía que hacer caso a Ron e irse con Harry al Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, que ya había demostrado en el puesto de Prefecta lo bien que se le daba.

Cuando llegó Luna a la mesa, con dos jarras de cereveza de mantequilla y deseosa de tratar el tema de los Nénares con su amiga, Hermione ya estaba decidida a cambiar de tema.

-Tengo una sorpresa para ti.

A Luna se le iluminaron los ojos, pero no preguntó qué era. Prefería que siguiera siendo una sorpresa.

-¿Tienes libre el próximo viernes a las doce y media?
-Técnicamente no, pero puedo pedirlo. ¿Por?
-Mi jefe tiene una entrevista con Newt Scamander, pero no puede ir. Así que hemos pensado que podríamos ir tú y yo a comer y a hablar con él. ¿Qué me dices?

No hizo falta que Luna dijera gran cosa. Su cara, un poema de felicidad, expresaba todo.

-Me encantaría.
-No será mucho tiempo, pero al parece tiene un oferta de la que Diggory pensó que sería interesante hablar. Y... -de pronto Luna empezó a hacer gestos con los dedos, toda acalorada y sonriente -, ¿qué pasa?
-Estoy pensando en cómo voy a llevar todos los libros para que me los firme, y, ay.

Hermione la miró con cariño. Luna era tranquila y siempre se tomaba su tiempo para hacer las cosas. Pero esta vez la emoción podía con ella, y se notaba. Se acordó entonces del bolsito sin fondo que tenía, y se ofreció a pasarse por su casa antes, para que pudiera recogerla. Luego podrían ir con polvos flu hasta Las Tres Escobas.

-¡Perfecto! Y podría pedirle a mi padre que te enseñe los apuntes de mi madre. Creo que ya casi no le quedan Tresimes pegados a los documentos.
-¿Tresimes? -El buen humor de Luna era tan contagioso, que Hermione pensó que no pasaba nada si por una vez se saltaba la norma no escrita de no preguntarle a Luna sobre sus criaturas.
-Sí, son unos bichitos que se quedan pegados al papel viejo y se alimentan de tinta. El problema es que el único limpia Tresimes que venden en Gran Bretaña estropea mucho la piel humana. ¿Te has fijado como está Pince? Pues es que cuidar toda la biblioteca de Hogwarts del festín de los Tresimes es muy costoso...

Vale, puede que alguno de los bichos de Luna sí existiera y todo. Al menos, ése en concreto tenía sentido. Aunque el nombre pareciera venir de una jugada de póker.

Quedaron pues con que dos días más tarde, viernes, pedirían el día libre y se dedicarían a trabajar en casa de Luna para la entrevista con el señor Scamander. Cuando se lo comentó a Diggory, éste decidió que mejor le daba libres jueves y viernes a Hermione, y que podía empezar a trabajar en esa pista que Luna le había dado. Al salir un par de horas antes de la oficina, Hermione decidió ir a visitar a Ron y a George al Callejón Diagon, y de paso pasar por el Boticario para ver si era verdad lo de los Tresimes.

Su sorpresa fue mayúscula cuando la vieja señora le demostró que aquellos bichitos existían, y, movida por un resorte, Hermione preguntó sobre los Enáneres.

-Ay, jovencita, ya me gustaría que existieran. Hay una leyenda rusa que dice que las lágrimas de Enáres tenían propiedades mágicas tan poderosas como las de un unicornio o un fénix. ¡La de pociones que se podrían hacer con ello!

Sin embargo, las noticias no se acabaron ahí. Al llegar a Sortilegios Weasley descubrió que su ex novio estaba que trinaba con las noticias del El Profeta.

-Pero, ¿todavía seguís leyendo eso? -Preguntó Hermione cuando Ron le preguntó.
-A mí no me mires -se defendió George -, que yo tengo mejor gusto que mi hermano.
-Hombre, gracias, eso es un detalle -replicó Hermione.
-No me refería a eso -se rió George.
-Es que no puedo creérmelo. ¡Y luego pretenderá entrar de nuevo en el páis como que nada! -Exclamó Ron de nuevo.
-¿De qué está hablando? -Se interesó por fin Hermione.
-¿Recuerdas lo del proyecto pro-muggle del Ministerio? -Le preguntó a su vez George. -Pues resulta que un par de magos se han ido del país para evitar entrar en el programa. Malfoy entre ellos.

Sin querer, Hermione sonrió. Era como un zas en toda la boca a los del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Si sus medios eran más relevantes que su fin, eso no debería afectarles. Al fin y al cabo, la gente como Malfoy nunca iba a cambiar, así que tampoco importaba mucho si seguía el programa o no.

-No te preocupes, ya hemos subsanado ese problema -. La voz de Harry les hizo mirar a la entrada de la tienda. Hermione se había colado con el cartel de cerrado ya puesto, como tenía costumbre, así que la tienda estaba vacía.
-¿Qué habéis montado?
-No ha sido cosa mía -levantó las manos Harry en actitud de defensa mirando a Hermione.
-¿Que habéis hecho? -Volvió a preguntar ésta, rebajando el tono y riendo un poco.
-Al parecer, al Ministro le ha gustado tanto que ahora es obligatorio para todos, sí, George para ti también, que todo aquel mago que quiera vivir aquí más de tres meses, deberá hacer, mínimo una semana. Vamos, que viene casi con la carta de inmigración.
-Es decir, que pueden escaparse ahora, pero en cuanto vuelvan, si quieren quedarse, tendrán que hacerlo.
-Joder, ¡acabas de limpiar todo el país de sangre limpia! -Exclamó Ron. -Ni Dumbledore lo hubiera hecho mejor.
-Va, no es para tanto -respondió Harry, pero sólo Hermione se dio cuenta de que se sentía incómodo porque acababa de caer que la conclusión a la que había llegado Ron era un punto de vista que a él ni se le había ocurrido observar.
-Y, ¿qué tal tu día, Hermione? -Preguntó para cambiar de tema.

Hermione les habló de su conversación con Diggory y con Luna, y terminó comentando algo sobre los Enáneres y lo que le había dicho la mujer del Boticario.

-El caso es que ese nombre a mí también me suena de algo -dejó caer George mientras se aseguraba de cerrar bien la tienda por dentro.
Entró a la cocina que tenían en el interior de la tienda, seguido de sus amigos y hermano.
-Pero tampoco me hagas mucho más caso, porque no sé de dónde lo he oído. -Se despidió desapareciendo por la chimenea.
-Nosotros vamos a ir a donde Harry, que tenemos que hablar -comentó Ron como de pasada mientras tomaba polvos flu y los repartía entre sus amigos.

Hermione captó la intención de Ron de hablar con Harry, sobre aquello que había pasado entre ellos dos. Sonrió y se despidió de ellos:

-Ya os contaré cómo acaba esto. O si consigo que empiece.




Dos días más tarde, en una de las meses reservadas de las Tres Escobas Hermione por fin sintió que su vida estaba cambiando por fin, y que una nueva aventura empezaba. Dicen que la mayor aventura es conocerse así mismo, y que normalmente tener una aventura clásica, con peligros, zonas peligrosas e inexploradas, y criaturas mágicas es lo que te hace encontrar las respuestas que normalmente no hallabas. Para Harry, esa clase de aventuras había terminado. Ahora solo quería seguir siendo héroe común, pero no él sólo. A las órdenes -que siempre se saltaba -de sus jefes, y con una meta menos trágica que acabar con el mago tenebroso más poderoso de los últimos tiempos. Ron era harina de otro costal, pero en ambos casos los dos preferían la tranquilidad de una vida sin negaciones -ni de cariño, ni de dinero, ni de atención -que habían tenido siempre, por esta apacible existencia con sus altibajos típicos. Ella no. Ella quería volver a pasear por toda la isla británica buscando algo que le diera sentido a lo que pensaba. Así había sido el año en que cumplió diecinueve años, y echaba de menos parte de esa libertad. No el horrible peso de la soledad ni la sensación de tener que huir de la muerte una y otra vez. Pero las montañas, el aire fresco, la falta de normas absurdas, y no tener que ser siempre alguien social... Suponía que una parte de Luna se le estaba pegando irremediablemente, y, la verdad, tampoco le molestaba lo más mínimo.


Así que cuando el viernes al mediodía el gran Newt Scamander le dijo que probablemente estuviera sobre la gran pista sobre los Enáneres y que, aunque no sabía si tenían algo que ver con los elfos domésticos o no, que era lo que en un principio le había interesado, pensaba financiar aquel proyecto de todas maneras, Hermione sintió que volvía a tener once años y de descubrir Hogwarts. Bueno, más o menos. Nunca habría nada tan maravilloso como descubrir Hogwarts. Ni saber quién era su media naranja ni tener un bebé. Se podría parecer, pero si algo sabía Hermione es que lo mejor de algunas felicidades es cuando éstas depende de uno mismo, y no están atadas al azar y a las decisiones de los demás para con uno.



Tenía una semana para prepararse. Un poco de papeleo, conseguir el visado, hablar con la embajada alemana, conseguir un lugar donde quedarse a pasar las noches -Scamander conocía una, pero él nunca había estado en el Bosque de los Enáneres, así que no sabía lo lejos que estaban de allí -.

-Lo único que sé es que es una zona protegida y entra en los territorios de una casa noble. Creo que eran los Anhalt-Bernburg, de linaje sajón, porque parte de sus descendientes tienen lazos familiares con algunas familias británicas. Sé que ahora las cosas parecen pintar mal para ellos, pero no te engañes. El dinero que tienen les sigue abriendo muchas puertas, y a nosotros nos las seguirá cerrando. Así que cuando vayas allí, sé amable con el señor del lugar. Es posible que él sea tu llave para conseguir llevar a cabo tus investigaciones. Aún así, voy a añadir mi propia carta a la lista de cartas de recomendación que deberás utilizar como presentación del lugar. Oh, y lleva un par de vestidos de gala. No querrás aparecer con traje de submarinismo y aletas en los pies en un baile de bienvenida a tu honor como me pasó a mí en mi viaje a Indonesia.



Hermione apuntó todos los detalles, los consejos y la lista de cosas que probablemente necesitaría -estaba decidida a vivir en una tienda de campaña si el noble en cuestión le daba permiso -para sobrevivir allí. Ese fin de semana, Ginny tenía descanso, así que aprovecharía para ir de compras con ella y así despedirse además de ponerse al día con sus asuntos.



Y, aunque Hermione había leído mucho, nunca entendió del todo -porque en la búsqueda de los Horrocruxes, ella había sido la única que no había cambiado de forma de ser, ni se había enfrentado a su propia personalidad y carácter -aquella frase tan repetida de Matthiessen.
Un hombre sale de viaje, y es otro el que regresa.
Tags: amigo invisible
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